2.5.2019

Hace poco, mientras manejaba el coche, escuché un programa de radio en el que un escritor indio hablaba de un libro que había escrito. No recuerdo su nombre, pero me interesó lo que decía: explicaba básicamente que no siempre había que hacerle tanto caso a nuestro cerebro. Su método consistía en escoger los pensamientos a los cuales sí había que escuchar y distinguirlos de los que había que ignorar. Incluso le puso un nombre a su cerebro –algo para acordarse de no tomárselo demasiado en serio-. Su cerebro se llamaba “Becky”.
 

Como técnica me pareció interesante. Ponerle nombre a tu mente para poner una distancia sana entre lo que sale de tu mente -que no siempre es valioso-, y el que pone la distancia, o sea, tú mismo. Pero los fundamentos de su propuesta no son novedosos. En realidad no me sorprendió que el escritor fuera originario de la India. La filosofía del Samkhya -que surgió hace más de 2000 años en India como una de las seis principales escuelas filosóficas- (y en la que se ba...

11.6.2018

Por Diana Eichner.

Yo, al igual que muchos, llegue el yoga por el gusto de mover el cuerpo. Recuerdo cuando comencé a practicar yoga: esos seis meses iniciales cuando uno anda como con novio nuevo. Me encantaba la idea de moverme y respirar, me emocionaban los nombres en sánscrito de las posturas, salía de las clases en un estado de euforia que nunca antes había experimentado. Lo asombroso era que se repetía con cada práctica, de hecho se intensificaba día con día. En unos cuantos meses mi vida había cambiado, me sentía realmente afortunada de haber encontrado el yoga. Sin embargo, pronto terminó la luna de miel: fui a una clase con una meditación un poco más larga y me topé por primera vez con una práctica que no me causaba tanto placer como las asanas. El sentarme en silencio me parecía, debo decirlo, una pérdida de tiempo. En mi esquema mental, sentarse a no hacer nada no tenía ningún valor. Simplemente no lo entendía.


Desde entonces han pasado más de 20 años. Hoy en día me gusta eso...

7.11.2018

Por Diana Eichner
 

Desde hace más de 20 años he practicado yoga. El estilo de yoga que tuve la suerte de encontrarme a los 22 años era una práctica completa: no sólo me enseñaron a hacer asanas (posturas de yoga) sino que cada clase incluía una práctica de meditación y una práctica de pranayama (ejercicios de respiración) de unos 20-30 minutos cada una. Sólo después de esa hora de sentarnos en silencio venía la práctica de posturas de yoga.

     Mi primera experiencia con la meditación fue complicada: en el salón todos
parecían felices y yo sentía que era la única pasándosela mal. Sufría de dolor de
rodillas y de espalda por quedarme sentada inmóvil tanto tiempo, me daba comezón en todas partes del cuerpo; pero por querer “hacerlo bien” me quedaba quietecita hasta que sonara la campana. La verdad es que para mí esas practicas fueron un verdadero suplicio y por mucho tiempo no pude ver ningún resultado positivo. Las cosas empezaron a cambiar el día que mi maestra me dijo que si...

5.14.2018

En las clases de yoga de hoy en día, rara vez nos damos el tiempo de sentarnos a respirar. El ritmo de vida que llevamos inevitablemente nos empuja a hacer actividades sin tregua. Resulta difícil frenar y simplemente sentarnos a no hacer nada más que escuchar nuestra respiración. El primer paso para la práctica de pranayama es ese: simplemente observar la respiración con la que llegas al tapete. No hacerle nada, no tratar de cambiarla, sólo notar cómo es. Es un momento de escucha interna, un momento de no-hacer. ¿En qué nos fijamos? Nos damos cuenta si nos cuesta trabajo inhalar o exhalar; notamos en qué parte del tronco estamos respirando; qué ritmo tiene nuestra respiración; si hay pausas entre la inhalación y la exhalación o no las hay; si es superficial o profunda.

Esta toma de consciencia no es tan obvia como parece, lo que buscamos son datos muy sutiles y muchas veces cuesta trabajo ponerse a observar detalles de una función tan natural y automática como lo es la respiración. Adem...

3.13.2018

Por Diana Eichner.

Al leer esta frase sabes inmediatamente que no es cierta. Es obvio que el yoga no se limita a contorsionarse, si no, los cirqueros serían grandes gurús. El yoga es más que eso, todos los sabemos. Pero entonces, ¿por qué nos rompemos la cabeza por tocarnos los dedos de los pies y por hacer los arcos más pronunciados? ¿Por qué creemos que entre más lejos entremos a una postura de yoga, mejores practicantes seremos?

Después de estudiar anatomía y biomecánica corporal comprendemos que
tener articulaciones muy flexibles es un problema y no una virtud, pero esto en el
mundo del yoga es casi un tabú. Como maestro, decirles a tus alumnos de yoga que no se estiren hasta al límite de su flexibilidad es como nadar a contracorriente, porque casi todo el mundo enseña lo contrario. Y no sólo eso, en la mayoría de las clases de yoga, cuando el maestro se te acerca es para ayudarte a llegar más profundo, a abrir más, bajar más, torcer más. ¿Y el resultado? Innumerables lesiones co...

1.24.2018

John Lennon escribió: "Life is what happens to you while your busy making other plans.” (La vida es lo que te ocurre mientras estás ocupado haciendo otros planes.) No es una frase original suya, sino que Lennon la leyó en una revista en 1957 y la cito en su canción “Beautiful boy.” Cuando escuché por primera vez la frase me gustó y me pareció muy cierta, pero con los años ha adquirido otra dimensión. 

¿A dónde se van diez, veinte años de tu vida? Uno está ocupado en el movimiento cotidiano, y cuando se suceden un montón de esos días “normales”, de golpe se convierten en años y décadas.

La práctica de yoga y la filosofía de la cual surge, entienden a la perfección que es muy fácil que se nos escurra la vida sin darnos cuenta. La práctica de yoga en sí consiste en ese “darse cuenta”: abrir los ojos y lograr al menos por unos minutos al día estar presente en la vida más allá de nuestros planes del futuro. Nuestra intención al poner un tapete sobre el suelo...

Traducción del texto de CENTERED YOGA de Dona Holleman

El intento es el más fascinante y misterioso de los 8 principios.


Lo podemos describir de muchas diferentes maneras:
como visualización, imaginación, deseo, querer, petición, fuerza, voluntad, alineación.

Todo esto puede ser cierto, pero ninguna palabra representa al “intento”.
Otra manera de describir el intento puede ser como un  “anzuelo”  que lanzas al universo para atrapar algo, puede ser una persona, un trabajo, un lugar donde estacionarte o una casa.

Lanzando tu deseo hacia el vasto universo y esperando a que algo suceda. Y aquí es donde llegamos a la parte crucial de intento: el no-hacer del deseo o de la visualización.

Muchas veces nuestros deseos se ven frustrados por el miedo a que no sucedan.
Duda, miedo, ansiedad, preocupación, precipitación, son las actividades que echan a perder el pastel del intento.

Son los obstáculos que lanzas en el camino del universo y le impides  realizar tu deseo.

Por eso la importancia de tener un...

9.17.2017

En Vijñana Yoga buscamos encontrar la alineación ideal del cuerpo en cada una de las asanas. Pero el principio que las une debe ser uno de suavidad y no de rigidez. Hay que fluir con el peso del cuerpo que cae a la tierra, hay que ceder hacia la gravedad, gozar la transición de una postura a la otra, y es en esa fluidez que surge la sensación de estar haciendo una meditación en movimiento.

Si nos preocupamos demasiado por la alineación de manera racional, la práctica se queda en la cabeza. Es necesario vivir cada instante de la práctica con el cuerpo, la mente y todos los sentidos. Estar presentes en el momento y fluir de un instante a otro.

10.31.2013

Hay una confusión entre muchos practicantes y maestros de yoga que piensan que para estar “bien alineados” y tener una “buena postura” es necesario abrir el pecho y echar los hombros atrás. Se utilizan metáforas como “abrir el corazón” , pero el resultado siempre es el mismo: al llevar el esternón al frente y echar hombros atrás, el segmento dorsal de la columna queda aplanado.Por el frente nos vemos muy derechitos, pero por atrás la espalda queda completamente cerrada. Los omóplatos se acercan entre sí y los hombros se acercan a la pelvis quedando todo comprimido.El Vijnana Yoga más que hablar de “estar derechos” nos referimos a la “espalda silenciosa”, que es una espalda sin tensiones innecesarias, una espalda que respeta las curvas naturales de la columna sin querer aplastarlas o “enderezarlas”. En Vijnana no abrimos el pecho sino pensamos en ensanchar el espacio entre los omóplatos y entre las clavículas. Queremos más espacio en el frente del cuerpo pero también más espacio atrás....

10.31.2013

En la formación de maestros de Vijnana Yoga queremos que comprendas el yoga en todas sus facetas antes de que te pongas a dar clases. Primero es necesaria una inmersión profunda en la práctica de asanas, de pranayama, en la filosofía del yoga, en la anatomía y la meditación y sólo después comenzamos a enseñarte técnicas didácticas para que puedas compartir tu experiencia con otros. Ser un buen maestro de yoga no se trata de repetir instrucciones rígidas, es necesario vivir en tu cuerpo el yoga de manera orgánica y sólo entonces puedes comprender cómo adaptar lo que sabes a las necesidades específicas del alumno que tengas enfrente.

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